Danubio azul: Zúrich


Por Ricardo Bosque, Jokin Ibáñez y Jesús Lens

Lo prometíamos al llegar a Viena y las promesas están para cumplirlas. Así que, llegados a Suiza y antes de visitar Zúrich -motor financiero y farmacéutico del país y casi del mundo-, nos permitiremos un momento bucólico que dedicaremos a contemplar vacas, cabras, verdes valles y blancas nieves en algún pueblo de cualquiera de los cantones de la Confederación Helvética. Y no, no se preocupen que no vamos a hablarles de la obra cumbre -nunca mejor dicho- de Johana Spyri.

Si en lugar de llegar ahora a Suiza lo hubiéramos hecho hace unos cuantos años -pongamos en los treinta del siglo XX-, entre estos paisajes idílicos, limpios y ordenados como solo lo pueden ser los suizos, también encontraríamos algo de maldad, una maldad fuera de lugar, impropia de un entorno tan apacible. Y allí, tratando de restablecer el orden, veríamos al inspector Jakob Studer, un policía bonachón, observador como su colega Maigret y con una mente afilada como pocas. Un hombre que tiene algo de poeta y que se mueve más a gusto en los entornos rurales que en los urbanos, aparentemente torpe, lo que en ocasiones le sirve para pillar desprevenidos a aquellos que despiertan sus sospechas. Un hombre que se mueve como pez en el agua entre la gente de a pie. Un hombre que, en una ocasión, tuvo que investigar la desaparición en un hospital psiquiátrico de un paciente y del director del centro -y mucho nos tememos que el autor se sirvió de su experiencia personal en la labor de documentación previa al desarrollo de ese caso en concreto.

Studer protagonizó cinco novelas -de las que en España, desgraciadamente, solo se han editado dos: Schlumpf, Erwin: Homicidio y El reino de Matto- escritas por el vienés Friedrich Glauser en sus últimos tres años de vida. ¿Y quién es ese Glauser, se preguntarán algunos? Pues, sencillamente, Friedrich Glauser lo es todo en la novela negra escrita en alemán -de hecho, el premio más prestigioso del género en esa lengua lleva su nombre.

Friedrich Glauser

Violento, drogadicto, alistado en la Legión Extranjera francesa, poeta, admirador de Simenon -de quien dijo haberlo aprendido todo-, carne de psiquiátrico… Se podrían decir muchas cosas sobre este escritor austríaco pero, ¿por qué no quedarnos con lo que dijo él de sí mismo en una carta escrita en 1937 y dirigida a un tal Josef Halperin? Creemos que resulta esclarecedora, aunque tal vez esta no sea la palabra más adecuada vista la redacción de la epístola. Aclaración: la abreviatura “mo.” que aparece en alguna ocasión corresponde a morfina, a la que Glauser era adicto.
        
«¿Datos es lo que quiere usted? Pues aquí tiene: nací en Viena en 1896, de madre austríaca y padre suizo. Abuelo por parte paterna, buscador de oro en California (sans blague), por parte materna, consejero áulico (una buena mezcla, ¿eh?). Primaria, tres cursos de secundaria en Viena. Luego 3 años en la escuela rural de Glarisegg. Luego 3 años en el College de Génève. Expulsado de allí poco antes de acabar el bachillerato por escribir un artículo sobre un volumen de poemas de un profesor mío. Selectividad cantonal en Zürich. Un semestre de la carrera de Química. Luego dadaísmo. Mi padre quiso que me internaran y me pusieran bajo tutela. Fuga a Ginebra. El resto puede leerlo en el relato ‘Morfina’. Internado un año (1919) en Münsingen. Fuga de allí. 1 año en Ascona. Detención por morfina. Repatriación. 3 meses en el hospital psiquiátrico de Burghölzli (con diagnóstico contrario porque en Ginebra me habían declarado esquizofrénico). De 1921 a 1923 en la Legión Extranjera. Luego en París, plongeur. Bélgica, en las minas de carbón. Posteriormente de enfermero en Charleroi. Otra vez la mo. Internado en Bélgica. Repatriado a Suiza. 1 año por lo administrativo en el penal de Witzwil. Después 1 año de ayudante en un plantel. Psicoanálisis (1 año) mientras trabajaba nuevamente de ayudante en un plantel en el hospital psiquiátrico de Münsingen. De jardinero a Basilea, luego a Winterthur. En este época escribí la novela sobre la legión (1928/29), 30/31 un curso anual en la escuela de jardinería de Oeschberg. En julio del 31, más psicoanálisis. De enero a julio del 32 en París como ‘escritor autónomo’ (como se dice con expresión tan linda). A Mannheim a ver a mi padre. Arrestado allí por falsificación de recetas. Repatriado a Suiza. Internado desde julio del 32 a mayo del 36. Et puis voilà. Ce n’est pas très beau…»

Como decíamos antes, Friedrich Glauser da nombre al más prestigioso premio literario de novela negra escrita en alemán, y es precisamente uno de su ganadores, Martin Suter, quien nos va a acompañar en nuestra visita a Zúrich.

Zúrich es, con cerca de 400.000 habitantes -cerca el triple en su área metropolitana- la ciudad más grande de Suiza y el motor financiero del país. También dicen que es la ciudad con mayor calidad de vida del mundo y también -aunque esto no lo dicen las estadísticas pero sí el sentido común- una de las ciudades con mayor concentración de dinero sucio del mundo.

Y en esa ciudad sin mácula -o en la cercana Basilea- se mueven los personajes de Martin Suter, un escritor peculiar en cuanto a que no parece pretender que sus obras -casi cualquiera de sus obras, nos atreveríamos a asegurar- queden enmarcadas en este género nuestro de cada día y, sin embargo, termina consiguiéndolo, ya sea con un amigo perfecto que despierta en un hospital tras un coma prolongado -tema recurrente que ya hemos visto, por ejemplo, en la excelente Trampa para Cenicienta de Japrisot- y se ve obligado a retomar sus investigaciones sobre la industria farmacéutica como único modo de averiguar quién es él en realidad, con el último de la exquisita saga familiar de los Weynfeldt y sus devaneos con el arte y sus falsificadores o con un cocinero tamil que prepara platos excitantes para ricos financieros que, desde su refugio suizo, coquetean con la venta de armas a países en vías de desarrollo y casi de extinción a juzgar por el número de bajas que se producen en el día a día de sus interminables guerras civiles.

Vemos, por tanto, que la Suiza de Suter no es esa limpia y ordenada de la que les hablábamos al principio de nuestra estancia en el país, la verde, blanca y con vacas pastando de las postales sino otra más oscura aunque con clase, que siempre las ha habido incluso para delinquir. Una Suiza ordenada pero vital, apasionada por el fútbol -algo tenían que tener en común los calculadores helvéticos con el común de los mortales- y poblada de personajes marcadamente amorales que no muestran ningún reparo en dejarse unos miles de francos  en una cena mientras el mundo financiero se derrumba -bueno, en realidad quienes nos derrumbamos somos quienes padecemos los caprichos de ese mundo financiero- o gastarse en putas lo que no cobramos ustedes y nosotros juntos en un mes. Y sin despeinarse, oigan.

Patricia Highsmith

Y, lo que son las cosas, decimos amoralidad y caemos de inmediato en la cuenta de que la obra y los personajes de este hombre, Suter, nos recuerdan en cierto modo a la reina de los personajes amorales -aunque tampoco ella se considerase a sí misma como una escritora de género negro- que, casualmente, ambientó en esta misma ciudad la última de sus novelas. Nos referimos, desde luego, a Patricia Highsmith y su Small g: un idilio de verano, novela que se desarrolla a partir del brutal asesinato de un joven y en torno a una cafetería llamada Jakob’s y señalada en las guías de Zúrich con una “g” minúscula, la marca característica de los clubes no exclusivos para gays, cafetería frecuentada por el cincuentón amante del joven asesinado y por toda una galería de personajes -algunos selectos, otros no tanto- que componen un magnífico relato del Zúrich de nuestros días. De parte del Zúrich de nuestros días, al menos.

¿A que la que acabamos de visitar ya no parece una ciudad tan aburrida y amuermada? Si ya lo dice el refrán: “En casa del herrero, cuchillo de palo”.

Dénse, dénse ustedes una vueltecita por la ciudad y sus alrededores y comprobarán que la sabiduría popular no tiene precio. Para todo lo demás, Mastercard, que para eso estamos en el país de los bancos.

Ruta completa: Viena – Zúrich – Mannheim – Fráncfort – Berlín – Hamburgo

 

Comments
One Response to “Danubio azul: Zúrich”
  1. juanmari1960 dice:

    Fantastico viaje amigos No puedo dejar de acompañaros.
    Yo tambien he ido por carretera a traves del canton de los Grisones, y cruzando las cumbres nevadas he parado en una gasolinera antes de llegar a Zurich.Era la gasolinera del detective Matthai .Estaba con el ex-jefe de la policia cantonal de Zurich, el Doctor H. Una pequeña jugaba junto al rio. Me parecio ver entre los arboles del cercano bosque una figura gigantesca. Un hombre . Un “mago” que duda si acercarse a la niña a ofrecerle unas trufas con forma de erizo. Mathai y el Doctor H. no lo saben aun pero ese hombre nunca dara el ultimo paso. Y Mathai seguira esperando. Solo yo sabia que el Doctor H. descubrira la verdad…algun dia. Y algun dia el genial e intuitivo Matthai descansara en paz por haber podido cumplir su promesa.” La promesa ” de Friedrich Durrenmatt me ayudo a imaginar que en aquellas cumbres nevadas ademas de cabras y vacas pintadas de lila habitaba un terrible asesino y tambien me encariño con un detective que descubre la verdad imaginando lo que se oculta en un dibujo infantil y que integra la extensa galeria de los detectives fracasados de la novela policial.
    Permitirme pues este pequeño homenaje en mi repostaje en una vieja gasolinera.Con vuestra venia.
    Gracias.
    Sigo con vuestro viaje

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