“El verano de los juguetes muertos”, de Toni Hill, por Ricardo Bosque

Ricardo Bosque

Aunque la faja promocional decía algo así como “el libro que leerás este verano”, aunque llegó a casa allá a finales de septiembre, no fue hasta finales de octubre cuando decidí rescatar El verano de los juguetes muertos de la pila de libros pendientes y acometer su lectura. En concreto lo comencé a leer el 22 de octubre -un día después de habérselo prometido a su autor, a quien tuve la ocasión de conocer en una charla sobre blogs en Getafe Negro-; lo terminaba a las 23.59, poco más o menos, del 23 de octubre.

Dos días intensos, atrapado por una trama que parece arrancar de la nada y que va adquiriendo mayor complicación a medida que caen las páginas, una tras otra, sin descanso posible. Y atrapado, sobre todo, por unos personajes excepcionalmente descritos, creíbles de principio a fin y de los que no conoceremos solamente su modo de proceder cuando se enfrentan a su cotidianidad laboral sino también los intríngulis de su vida personal, llena de matices que contribuyen a que la historia que Toni Hill, el autor de la novela, resulte todavía más atractiva.

Comienza la novela con el regreso a España del inspector Héctor Salgado, apartado provisionalmente del trabajo por culpa de la paliza propinada a un sospechoso de la muerte de una joven prostituta nigeriana. Vete un mes a tu país, Argentina, mientras las aguas vuelven a su cauce -le habría sugerido su superior.

Y Héctor obedeció. Como obedeció cuando a su regreso, el mismo superior le pidió que, en tanto se resolvía el asunto de la paliza, se entretuviera investigando -de modo extraoficial- la aparentemente accidental muerte de un joven de la burguesía barcelonesa al precipitarse al vacío desde la ventana de su dormitorio. En lo que no obedeció es en eso de que se mantuviera completamente al margen de la investigación del asesinato de la nigeriana, pero es que resulta difícil mantenerse al margen de algo en lo que uno está emocionalmente implicado. Y que tampoco un inspector de policía puede estar permanentemente acatando órdenes sin más, claro.

Y lo que parecía un trámite -tranquilizar a la madre del joven muerto asegurándole que, en efecto, todo fue producto de la desgracia y no hay que buscar más culpables que el alcohol y la mala fortuna del muchacho- poco a poco va dejando de serlo, cuando las declaraciones de quienes le vieron vivo por última vez no terminan de encajar, cuando Salgado -y con él, el lector- comienza a conocer ciertos aspectos de su pasado escolar que nadie parece querer recordar, cuando ciertos personajes estrechamente vinculados al fallecido reaccionan de un modo que no parece el esperable en esas circunstancias.

Destacaba al inicio de esta reseña la calidad con que están construidos los personajes. Y esta calidad no se limita al protagonista, el inspector Salgado, sino a todo su entorno -Mónica Andreu y Leire Castro como sus compañeras de trabajo o Ruth como su excompañera sentimental y madre de su único hijo- y al de Marc Castell, el muchacho fallecido: sus amigos Aleix y Gina; su padre, Enric Castell; su tío, Félix Castell; Joana Vidal, la madre que abandonó el hogar cuando Marc era un crío…

Y, por supuesto, Iris, siempre Iris, la niña de la que iremos sabiendo a lo largo de la novela y que se revela como pieza fundamental para desentrañar el misterio de la muerte del muchacho en una investigación en la que el autor nos obsequia con otra hábil vuelta de tuerca en cada uno de los precisos instantes en que, ingenuos de nosotros, creemos haber sido más listos que el propio Salgado y el nombre del culpable está a punto de brotar de nuestros labios.

En absoluto. Como en las mejores novelas de intriga, la identidad del malo de la película -o malos, que más de uno tiene mucho que esconder- no la conoceremos hasta casi el final. Como debe ser.

 

El verano de los juguetes muertos
Toni Hill
Debolsillo
 

8 comentarios en ““El verano de los juguetes muertos”, de Toni Hill, por Ricardo Bosque

  1. Donde puedo comprar tiempo para leer?, mira que la tengo en lista, y la he visto en las mesas de las librerías pero cuesta tanto priorizar… (creo que esto ya lo he dicho antes y quizás en este mismo blog). Tu, por otra parte bien escrita, entrada da pie a que entre. Sin más dilación. En la próxima compra va esta novela. Seguro. Gracias.

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